Llueve en el patio y el balón se queda quieto mirando el cielo como un perro que espera. Las canchas son espejos.
Sala
Poesía
Versos con sus saltos y silencios intactos.
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Abuela, me traje de las vacaciones tu sombrero, el que cuelga detrás de la puerta del cuarto de herramientas, todavía con olor a cafetal y a esas mañanas en que te levantas antes que los gallos. Me lo puse y me quedó grande, como me quedan grandes todavía tus palabras, esas que dices despacio mientras escoges los granos rojos y dejas los verdes para después. «Todo tiene su tiempo», me dices, y yo, que siempre he tenido prisa, no te entendía.
el viento me presta sus brazos y yo le presto mi cometa de papel